Published On: Thu, Oct 12th, 2017

Evangelio del día 12/10/17 – Orar a Dios con insistencia hasta el límite del fastidio

Share This
Tags

Evangelio según San Lucas 11,5-13

La eficacia de la oración insistente: En aquel tiempo, Jesús agregó: “Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: “Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle”, y desde adentro él le responde: “No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos”. Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Hay algún padre entre ustedes que dé a su hijo una serpiente cuando le pide un pescado? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

No sé si quizás esto suena mal, pero, la oración, rezar es un poco molestar a Dios para que nos escuche. Pero, el Señor lo dice: como el amigo a medianoche, como la viuda al juez. Es atraer los ojos, atraer el corazón de Dios hacia nosotros.

Y esto lo han hecho aquellos leprosos que una vez se le acercaron: “Si quieres, puedes sanarnos”. Lo han hecho con una cierta seguridad. Así, Jesús nos enseña a rezar.

Cuando nosotros rezamos, a veces pensamos: “Pero, si, yo digo esta es mi necesidad, le digo al Señor una, dos, tres veces, pero no con tanta fuerza. Después me canso de pedirlo y me olvido de pedirlo”. Éstos gritaban y no se cansaban de gritar.

Jesús nos dice: Pidan, pero también nos dice: Llamen a la puerta, y quien llama a la puerta hace ruido, disturba, da fastidio.

Insistencia hasta el límite del fastidio. Pero también una inquebrantable certidumbre. Los ciegos del Evangelio son aún un ejemplo. Se sienten seguros de pedir al Señor la salud, porque a la pregunta de Jesús si creen que Él pueda curarlos, ellos responden: Sí, Señor, creemos, estamos seguros.

Y la oración tiene estas dos actitudes: es necesaria y es segura. Oración necesaria siempre: la oración, cuando nosotros pedimos alguna cosa, es necesaria: “tengo esta necesidad, escúchame, Señor”.

Pero también, cuando es verdadera, es segura: “Escúchame. Yo creo que tú puedes hacerlo porque tú lo has prometido”

Pensemos si nuestra oración es necesaria y es segura: necesaria, porque decimos la verdad a nosotros mismos, y segura, porque creemos que el Señor puede hacer aquello que le pedimos (Homilía en Santa Marta, 06 de diciembre de 2013)

About the Author

.