Published On: Mon, Feb 5th, 2018

Evangelio del día 05/02/18 – Permite que Dios se acerque a ti, te consuele y te sane

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Evangelio según San Marcos 6,53-56
Con solo tocar su manto muchos quedaban curados: “En aquel tiempo, después de atravesar el lago, Jesús y sus discípulos llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curadose” Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco:
Desde el primer momento, cuando Dios eligió a nuestro Padre Abraham, Éñ ha caminado con su pueblo. Y esto se ve también con Jesús que hace un trabajo de artesano, de obrero.

A mí, la imagen que me viene es la del enfermero, de la enfermera en un hospital: cura las heridas una a una, pero con sus manos.

Dios se implica, se mete en nuestras miserias, se acerca a nuestras llagas y las cura con sus manos, y para tener manos se ha hecho hombre. Es un trabajo personal de Jesús.

Un hombre ha cometido el pecado, un hombre viene a curarlo. Cercanía. Dios no nos salva sólo por un decreto, una ley; nos salva con ternura, nos salva con caricias, nos salva con su vida, por nosotros.

[...] Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Cada uno de nosotros conoce sus miserias, las conoce bien. ¡Y abundan! Pero el desafío de Dios es vencer esto, curar las llagas como ha hecho Jesús. Es más: hacer ese regalo sobreabundante de su amor, de su gracia. Y así, se comprende esa predilección de Jesús por los pecadores.

En el corazón de esta gente abundaba el pecado. Pero Él iba hacia ellos con esa sobreabundancia de gracia y de amor.

La gracia de Dios siempre vence, porque es Él mismo quien se entrega, quien se acerca, quien nos acaricia, quien nos sana.

Y por esto, quizá a alguno de nosotros no nos guste decir esto, pero aquellos que están más cerca del corazón de Jesús son los más pecadores, porque Él va a buscarlos, llama a todos: “¡Vengan, vengan!”… (Homilía en Santa Marta, 22 de octubre de 2013).

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