Published On: Mon, Feb 26th, 2018

Evangelio del día 26/02/18 – Un corazón grande no condena, solo perdona

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Evangelio según San Lucas 6,36-38
De la manera que juzguen serán juzgados: “En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen, y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida que midan, serán medidos”. Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco
“Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso”.

No es fácil entender esta actitud de la misericordia porque estamos acostumbrados a juzgar… Para ser misericordiosos se necesitan dos actitudes.

1.- Conocimiento de sí mismo.
Debemos saber que tenemos tantas cosas no buenas: ¡somos pecadores!. Y ante el arrepentimiento, la justicia de Dios… se transforma en misericordia y perdón. Pero es necesario avergonzarse de los pecados.

Es cierto, ninguno de nosotros ha asesinado a alguien, pero hay tantas cosas pequeñas, tantos pecados cotidianos, de todos los días…

Y cuando uno piensa: “Pero qué cosa, pero que corazón chiquito: he hecho esto contra el Señor”. Eso es avergonzarse… Avergonzarse ante Dios y esta vergüenza es una gracia: es la gracia de ser pecadores. “Yo soy pecador y me avergüenzo ante Ti y te pido perdón”. Es sencillo, pero es tan difícil decir: “He pecado”.

2.- ¡Agrandar el corazón!
“Pero yo soy un pecador”… “Mira qué cosa ha hecho éste, aquel…. ¡Yo he hecho tantas! ¿Quién soy yo para juzgarlo?”… Esta frase: “¿Quién soy yo para juzgar a éste? ¿Quién soy yo para hablar mal de éste? ¿Quién soy yo para? ¿Quién soy yo, que ha hecho las mismas cosas o peores?”… ¡El corazón grande!

Y el Señor lo dice:

“¡No juzguen y no serán juzgados! ¡No condenen y no serán condenados! ¡Perdonen y serán perdonados! ¡Den y se les dará!”.

Esta generosidad del corazón. Y ¿qué cosa se les dará? Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante.

Es la imagen de las personas que iban a recoger el grano con el delantal y estiraban el delantal para recibir más, más grano. Si tienes el corazón grande puedes recibir más.

El corazón grande no condena, sino perdona, olvida porque Dios ha olvidado mis pecados; Dios ha perdonado mis pecados. Agrandar el corazón. ¡Esto es bello! sean misericordiosos.

[...] Si todos nosotros, si todos los pueblos, las personas, las familias, los barrios, tuviésemos esta actitud, cuánta paz habría en el mundo, cuánta paz en nuestros corazones. Porque la misericordia nos conduce a la paz.

Recuerden siempre: “¿Quién soy yo para juzgar?”. Hay que avergonzarse y agrandar el corazón. Que el Señor nos dé esta gracia.” (17 de Marzo de 2014, Santa Marta)

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