Published On: Mon, Apr 16th, 2018

Arancedo fijó postura sobre la despenalización del aborto

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Monseñor José María Arancedo fijó postura sobre la despenalización del aborto, debate que ya comenzó en la Cámara de Diputados de la Nación. El Arzobispo de la Arquidiócesis de Santa Fe lo hizo en el marco de la Homilía que desarrolló en la Santa Misa, en el marco de la Peregerinación a la Virgen de Guadalupe. A continuación los extractos que menciona el tema.

“Nuestro peregrinar presenta este año un motivo de especial reflexión y oración respecto al valor de la vida, es un año en el que se va a discutir la despenalización del aborto. No es un tema primariamente religioso, pero debemos asumir una postura clara, defendemos la vida de la madre y del hijo. Estamos ante una verdad humana y científica que compromete nuestra fe en un Dios, que nos ha creado como seres espirituales con un horizonte trascendente. Aceptar que desde la concepción hay vida humana exige la existencia de una ley que, para ser justa, debe protegerla. No somos dueños de lo que ya tiene identidad y autonomía, aunque esté en camino a su independencia y madurez, eso es parte de su vulnerabilidad. Nuestra libertad no tiene derecho a disponer ni a destruir la vida humana”.

“La vida naciente no puede quedar librada a una decisión personal, no estamos ante un acto privado sin consecuencias jurídicas y culturales. Es necesario y urgente crear las condiciones sociales como los medios de prevención, en el marco de una educación sexual integral que permita asumir, desde una libertad responsable, la decisión de respeto a la dignidad de la vida que se inicia. Junto al cuidado de esta vida por nacer, debemos acompañar y no condenar a la mujer, ella también es víctima. El aborto nunca es una solución, siempre será un drama. Con mucha claridad Francisco en su reciente Exhortación Apostólica, afirma: “La defensa del inocente que no ha nacido, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada. Igualmente, concluye, es sagrada la vida de los pobres que ya han nacido” (G.E. 101). Quiero poner en este día, aquí en Santa Fe cuna de la Constitución Nacional, y a los pies de Nuestra Madre de Guadalupe, el cuidado de la vida en nuestra amada Patria”.

SOLEMNIDAD DE NTRA. SRA DE GUADALUPE
Basílica Ntra. Sra. de Guadalupe – 15 de abril de 2018
Como todos los años venimos a Guadalupe para celebrar la Fiesta de nuestra Madre y Patrona de
Santa Fe. No es una Fiesta más, para nosotros, los santafesinos, es un momento de encuentro a los
pies de su Santuario en el que le renovamos nuestro amor, fortalecemos nuestra fe en Jesucristo y
expresamos nuestra identidad católica. No podemos separarla de su Hijo, Ella siempre está junto a
Él y nos va a reclamar que lo sigamos y que seamos testigos de su Evangelio. Este Santuario
Basílica, tan querido y visitado, es expresión de la fe de un pueblo que lo ha levantado como
testimonio de su gratitud y amor filial. También quisiera recordarles que este año se cumplen 100
años de su creación como parroquia y 90 años de la Coronación Pontificia de la imagen de la
Virgen.
Por eso hoy queremos detener nuestra mirada en Ella, venimos a agradecerle su presencia en este
lugar donde la sentimos muy cerca, y a pedirle que nos siga acompañando y mostrándonos el
camino de su Hijo. ¡Cuánta seguridad nos da acercarnos a Ella para hablarle con la confianza de un
hijo! Llegar a Guadalupe nos hace bien, sabemos que ella nos espera y que siempre tiene algo que
decirnos en la intimidad de la oración. Su palabra tiene esa suave exigencia del amor de una madre
que busca el bien de sus hijos.
Ser cristiano no es encerrarnos en una intimidad que nos aísla, por el contario, nos mueve a dar
testimonio de lo que creemos. Vivimos en un mundo herido por el pecado que tanto daño hace al
hombre, especialmente a los más vulnerables, que presenta diversos rostros pero que tienen en
común la mentira, la corrupción y la muerte. ¡Cómo no vamos a traer hoy a este Santuario el dolor
de tanta gente que vive la angustia de la inseguridad, de la pobreza, del avance del narcotráfico y de
la muerte en nuestros barrios! No podemos acostumbrarnos a vivir en un mundo que contradice la
bondad de la obra de Dios y su dignidad, un mundo donde el hombre con su avaricia y egoísmo ha
ido destruyendo la exigencia moral de los valores. En este contexto estamos llamados a vivir y a
predicar el Evangelio del amor y de la vida, de la verdad y la justicia, de la reconciliación, la
misericordia y la paz. El mal, queridos hermanos, no tiene, y no puede tener la última palabra.
Este año hemos sido invitados a peregrinar bajo el lema: Madre de Guadalupe, que seamos una
Iglesia misionera. Le pedimos a María lo que nos pediría Jesucristo como miembros de su Iglesia:
Ser una Iglesia misionera. Porque ser cristiano es ser misionero, es ser consciente de haber recibido
un mensaje que estamos llamados a vivir y comunicar. Un cristiano que no se sienta llamado a
trasmitir su fe, no es digno de la Iglesia que quiso Jesucristo, una “Iglesia en salida”, como nos diría
Francisco. ¡Qué triste cuando el rostro de la Iglesia se va desdibujando en personas buenas, que
cumplen y se sienten satisfechas, pero que han ido perdiendo la alegría del fervor misionero!
Renovar este espíritu es una tarea permanente en la Iglesia que nos debe llevar a examinar nuestra
vida y compromiso con el proyecto de Jesucristo. Esto le pedimos hoy en Guadalupe: Madre,
queremos ser una Iglesia misionera.
Nuestro peregrinar presenta este año un motivo de especial reflexión y oración respecto al valor de
la vida, es un año en el que se va a discutir la despenalización del aborto. No es un tema
primariamente religioso, pero debemos asumir una postura clara, defendemos la vida de la madre y
del hijo. Estamos ante una verdad humana y científica que compromete nuestra fe en un Dios, que
nos ha creado como seres espirituales con un horizonte trascendente. Aceptar que desde la
concepción hay vida humana exige la existencia de una ley que, para ser justa, debe protegerla. No
somos dueños de lo que ya tiene identidad y autonomía, aunque esté en camino a su independencia
y madurez, eso es parte de su vulnerabilidad. Nuestra libertad no tiene derecho a disponer ni a
destruir la vida humana.
La vida naciente no puede quedar librada a una decisión personal, no estamos ante un acto privado
sin consecuencias jurídicas y culturales. Es necesario y urgente crear las condiciones sociales como
los medios de prevención, en el marco de una educación sexual integral que permita asumir, desde
una libertad responsable, la decisión de respeto a la dignidad de la vida que se inicia. Junto al
cuidado de esta vida por nacer, debemos acompañar y no condenar a la mujer, ella también es
víctima. El aborto nunca es una solución, siempre será un drama. Con mucha claridad Francisco en
su reciente Exhortación Apostólica, afirma: “La defensa del inocente que no ha nacido, debe ser
clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada.
Igualmente, concluye, es sagrada la vida de los pobres que ya han nacido” (G.E. 101). Quiero poner
en este día, aquí en Santa Fe cuna de la Constitución Nacional, y a los pies de Nuestra Madre de
Guadalupe, el cuidado de la vida en nuestra amada Patria.
Queridos hermanos, solo me queda decirles que cuiden este camino providencial de la fe que han
recibido con la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe, es una riqueza religiosa y cultural
santafesina abierta a todos nuestros hermanos. Que María los acompañe con su amor de Madre.
Amén.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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