Published On: Wed, Jan 9th, 2019

Evangelio del día 09-01-19 Quien no ama no es libre y su corazón se endurece

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Evangelio de hoy: Marcos 6,45-52
Evangelio del día (Jesús camina sobre las aguas): En aquel tiempo, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar. Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo. Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero él les habló en seguida y les dijo: “Tranquilícense, soy yo; no teman”. Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida”. Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco
Los Discípulos se asustan al ver a Jesús que camina hacia ellos sobre el agua, los Apóstoles no habían comprendido el milagro de los panes porque su corazón estaba endurecido.

Un corazón puede ser de piedra por tantos motivos. Por ejemplo, a causa de experiencias dolorosas. Sucede a los discípulos de Emaús, temerosos de hacerse ilusiones otra vez.

Sucede a Tomás que rechaza creer en la Resurrección de Jesús. otro motivo que endurece el corazón es la cerrazón en sí mismo.

Hacer un mundo en sí mismo, cerrado. En sí mismo, en su comunidad o en su parroquia, pero siempre cerrazón.

Y la cerrazón puede girar en torno a tantas cosas: pensemos en el orgullo, en la suficiencia, pensar que yo soy mejor que los demás, también en la vanidad, ¿no?

Existen el hombre y la mujer espejo, que están encerrados en sí mismos para verse a sí mismo continuamente, ¿no? Estos narcisistas religiosos, ¿no? Tienen el corazón duro, porque están cerrados, no están abiertos. Y tratan de defenderse con estos muros que crean a su alrededor.

También está quien se atrinchera detrás de la ley, aferrándose a la letra a lo que establecen los mandamientos. Aquí lo que endurece el corazón es un problema de falta de seguridad.

Y quien busca solidez en lo que dicta la ley está seguro como un hombre o una mujer en la celda de una cárcel detrás de los barrotes: es una seguridad sin libertad. Es decir, lo opuesto de lo que”vino a traernos Jesús, la libertad.

El corazón, cuando se endurece, no es libre y si no es libre es porque no ama… El amor perfecto disipa el temor: en el amor no hay temor, porque el temor supone un castigo y quien teme no es perfecto en el amor. No es libre. Siempre tiene temor de que suceda algo doloroso, triste. Que me vaya mal en la vida o que ponga en peligro mi salvación eterna… Tantas imaginaciones porque no ama. Quien no ama no es libre. Y su corazón estaba endurecido, porque aún no habían aprendido a amar.

Entonces, ¿Quién nos enseña a amar? ¿Quién nos libera de esta dureza?.

Tú puedes hacer mil cursos de catequesis, mil cursos de espiritualidad, mil cursos de yoga, zen y todas estas cosas. Pero todo esto jamás será capaz de darte la libertad de hijo.

Es sólo el Espíritu Santo quien mueve tu corazón para decir “Padre”. Sólo el Espíritu Santo es capaz de disipar, de romper esta dureza del corazón y hacer un corazón… ¿blando?… No sé, no me gusta la palabra… Dócil. Dócil al Señor. Dócil a la libertad del amor (Homilía en Santa Marta, 10 de enero de 2015)

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