Published On: Tue, Aug 27th, 2019

Evangelio del día 27-08-19 El corazón de los hipócritas pertenece al demonio

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Evangelio del día: Mateo 23,23-26

Evangelio del día: (La hipocresía de los fariseos): “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno! ¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

Los santos fingidos, que ante el Cielo se preocupan más por aparentarlo, que por serlo de verdad, y los pecadores santificados, que más allá del mal hecho, han aprendido a «hacer» un bien más grande. Nunca hubo ninguna duda sobre a quién de ellos prefiere Dios.

Dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien, defendiendo a los huérfanos y a las viudas, es decir, A aquellos que nadie recuerda, entre los cuales están también los ancianos abandonados, los niños que no van a la escuela y los que no saben hacerse la señal de la Cruz.

[…] El Evangelio del día presenta al grupo de los astutos, los que “dicen cosas justas, pero hacen lo contrario”, añadiendo que todos somos astutos y siempre encontramos un camino que no es el justo, para parecer más justos de lo que somos, es el camino de la hipocresía.

Estos fingen que se convierten, pero su corazón es una mentira: ¡son mentirosos! Es una mentira… Su corazón no pertenece al Señor; pertenece al padre de todas las mentiras, a satanás. Y ésta es una santidad fingida.

Jesús prefería mil veces a los pecadores, antes que a ellos. ¿Por qué? Los pecadores decían la verdad sobre ellos mismos.

“Aléjate de mí Señor que soy un pecador”.

Lo dijo Pedro una vez. Pero uno de ellos nunca dice esto:

“Te agradezco Señor, porque no soy pecador, porque soy justo”…

Hay estas tres palabras para pensar, meditar: la invitación a la conversión, el don que nos dará el Señor, es decir un don grande, un perdón grande, y la trampa. Es decir fingir que nos convertimos, pero tomar el camino de la hipocresía. (Homilíaen Santa Marta, 05 de marzo de 2015)

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