Published On: Mon, Nov 4th, 2019

Evangelio del día 03-11-19 Bendice a quien hable mal de ti – Evangelio de hoy

Share This
Tags

Evangelio del día – Lucas 14,12-14

Meditación del Evangelio del día – (La mejor recompensa que puedas tener) En aquel tiempo, Jesús dijo al jefe de los fariseos que lo había invitado a comer: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”. Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

Sobre el Evangelio de hoy – A quien quiere seguirlo, Jesús le pide amar a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para colmar los vacíos de amor que hay en los corazones, en las relaciones humanas, en las familias, en las comunidades y en el mundo.

Queridos hermanos, Jesús no ha venido para enseñarnos los buenos modales, las formas de cortesía. Para esto no era necesario que bajara del cielo y muriera en la cruz.

Cristo vino para salvarnos, para mostrarnos el camino, el único camino para salir de las arenas movedizas del pecado, y este camino de santidad es la misericordia, que Él ha tenido y tiene cada día con nosotros.

Ser santos no es un lujo, es necesario para la salvación del mundo. Esto es lo que el Señor nos pide

[…] El Señor Jesús y la Madre Iglesia nos piden testimoniar con mayor celo y ardor estas actitudes de santidad… Por tanto, amemos a quienes nos contrarían; bendigamos a quien habla mal de nosotros; saludemos con una sonrisa al que tal vez no lo merece; no pretendamos hacernos valer, contrapongamos más bien la mansedumbre a la prepotencia; olvidemos las humillaciones recibidas.

Dejémonos guiar siempre por el Espíritu de Cristo, que se sacrificó a sí mismo en la cruz, para que podamos ser cauces por los que fluye su caridad

[…] En este templo, que somos nosotros, se celebra una liturgia existencial: la de la bondad, del perdón, del servicio; en una palabra, la liturgia del amor. Este templo nuestro resulta como profanado si descuidamos los deberes para con el prójimo.

Cuando en nuestro corazón hay cabida para el más pequeño de nuestros hermanos, es el mismo Dios quien encuentra puesto.

Cuando a ese hermano se le deja fuera, el que no es bien recibido es Dios mismo. Un corazón vacío de amor es como una iglesia desconsagrada, sustraída al servicio divino y destinada a otra cosa. (Homilía en la Basílica Vaticana, 23 de febrero de 2014)

Oración para el Evangelio de hoy

Señor de mi vida, quiero pedirte con entera humildad que vengas ahora a mi corazón y lo llenes de tu paz para poder afrontar los desafíos de este día con paciencia, sabiduría y fortaleza.

Tu amor trabaja de forma misteriosa en mi vida y has permanecido fiel en mis dificultades. Por eso, confío en Ti para vencer todos mis miedos y quebrantos del alma, porque quien cree en Ti nunca quedará defraudado.

Tú conoces las intenciones de mi corazón, sabes que quiero hacer siempre el bien, aunque a veces, por error mío, y por los mismos problemas que me embargan, termino haciendo el mal que no debo.

Ayúdame a no buscar nunca la adulación de otros, sino en agradarte solo a Ti, que miras en lo secreto y sabes lo que puedo hacer según las capacidades que has sembrado en mi corazón.

Que en lo profundo de mi ser queden grabadas las leyes de tu amor, para así, buscar siempre la verdad y la justicia, sin caer en las vanidades del mundo que terminan por sacudirme y dejándome derrotado.

Tú escuchas mis palabras cuando clamo tu bendición y tu protección. Por eso, me uno a las palabras del Rey Salomón: “Que te alabe otro y no tu boca; que la alabanza provenga de un extraño y no de tus propios labios”. (Prov. 27,2).

Ayúdame, con tu Gracia, a discernir lo que debo decir y cómo debo actuar. Quiero contar con tu iluminación para siempre perseguir el bien sin esperar recompensa alguna.

Quiero ser el más pequeño de todos, pasar siempre desapercibido y que seas Tú, Señor de la vida, mi poderoso defensor, quien brille para siempre en mi corazón. AménAutor: Qriswell Quero, escritor católico @Copyright 2019

About the Author

.