Published On: Mon, Nov 11th, 2019

Evangelio del día 12-11-19 Servir con amor. Vivir para servir – Evangelio de hoy

Share This
Tags

Evangelio del día – Lucas 17,7-10

Meditación del Evangelio del día – (El servicio es con amor sin esperar recompensa) En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Pero, ¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: “Pasa al momento y ponte a la mesa?” ¿No le dirá más bien: “Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?” ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer”. Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

Sobre el Evangelio de hoy – ¿Qué es el servicio? Podríamos pensar que consiste sólo en ser fieles a nuestros deberes o en llevar a cabo alguna buena acción. Pero para Jesús es mucho más. En el Evangelio de hoy, y en términos muy firmes y radicales, nos pide una disponibilidad total, una vida ofrecida con total apertura, libre de cálculos y de ganancias.

¿Por qué es Jesús tan exigente? Porque nos amó así, haciéndose nuestro siervo “hasta el fin” (Juan 13,1), viniendo “para servir y dar su vida” (Mc 10,45).

[…] Así pues, no estamos llamados a servir sólo para recibir una recompensa, sino para imitar a Dios, que se hizo siervo por nuestro amor. Tampoco estamos llamados a servir sólo de vez en cuando, sino a vivir en el servicio.

El servicio es, pues, un modo de vida; en efecto, recapitula todo el modo de vida cristiano: servir a Dios en la adoración y en la oración; estar abierto y disponible; amar al prójimo con hechos concretos; trabajar apasionadamente por el bien común.

También para los cristianos no faltan las tentaciones que nos alejan del camino del servicio y terminan por inutilizar la vida. Donde no hay servicio, la vida es inútil. Aquí también podemos identificar dos formas.

Una es la de permitir que nuestros corazones se entibien. Un corazón tibio se absorbe en una vida perezosa y sofoca el fuego del amor. La persona tibia vive para satisfacer su propia conveniencia, que nunca es suficiente, y de esa manera nunca se satisface; gradualmente tal cristiano termina contento con una vida mediocre.

La persona tibia asigna a Dios y a los demás un “porcentaje” de su tiempo y de su propio corazón, sin gastar nunca demasiado, sino tratando siempre de economizar. Y así, él o ella puede perder el gusto por la vida: como una taza de té verdaderamente fino, que es insoportable de saborear cuando se enfría.

[…] Hay una segunda tentación, en la que podemos caer no tanto por pasividad, sino porque somos “hiperactivos”: la de pensar como maestros, la de darse sólo para ganar algo o llegar a ser alguien. En tales casos el servicio se convierte en un medio y no en un fin, porque el fin se ha convertido en prestigio; y luego viene el poder, el deseo de ser grande. “No será así entre vosotros”, nos recuerda Jesús, “sino que el que quiera ser grande entre vosotros debe ser vuestro servidor” (Mt 20,26).

Que nos ayude la intercesión de la Inmaculada Virgen María y de los santos, especialmente de Santa Teresa de Calcuta, cuyos frutos de fe y servicio están en medio de vosotros. Recordemos algunas de sus nobles palabras para resumir el mensaje de hoy:

“El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz” (Un camino sencillo, Introducción).

(Homilía en la Iglesia de la inmaculada, Bakú, 2 de octubre de 2016)

About the Author

.