Celebración de hoy

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro: La que cuida y a sus hijos
Otras celebraciones:

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San Cirilo Presidió el Concilio de Éfeso en el que defendió los Dogmas de la unidad de persona en Cristo y la Divina Maternidad de la Virgen María
2 Reyes 24,8-17.
Joaquín tenía dieciocho años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elantán, y era de Jerusalén. Él hizo lo que es malo a los ojos del Señor, tal como lo había hecho su padre.
En aquel tiempo, los servidores de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén, y la ciudad quedó sitiada. Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a la ciudad mientras sus servidores la sitiaban, y Joaquín, rey de Judá, se rindió al rey de Babilonia junto con su madre, sus servidores, sus príncipes y sus eunucos. El rey de Babilonia los tomó prisioneros en el año octavo de su reinado. Luego retiró de allí todos los tesoros de la Casa del Señor y los tesoros de la casa del rey, y rompió todos los objetos que Salomón, rey de Judá, había hecho para la Casa del Señor, como lo había anunciado el Señor. Deportó a todo Jerusalén, a todos los jefes y a toda la gente rica, diez mil deportados, además de todos los herreros y cerrajeros: solo quedó la gente más pobre del país. Deportó a Joaquín a Babilonia; y también llevó deportados de Jerusalén a Babilonia, a la madre y a las mujeres del rey, a sus eunucos y a los grandes del país. A todos los guerreros, en número de siete mil, a los herreros y cerrajeros, en número de mil, todos aptos para la guerra, el rey de Babilonia los llevó deportados a su país. El rey de Babilonia designó rey, en lugar de Joaquín, a su hijo Matanías, a quien le cambió el nombre por el de Sedecías.
Salmo 79(78):
«Por la gloria de tu nombre, Señor, líbranos». (R)
Oh Dios, las naciones han entrado en tu heredad; han profanado tu santo templo, han puesto a Jerusalén en ruinas. Han dado los cadáveres de tus siervos como alimento a las aves del cielo, la carne de tus fieles a las bestias de la tierra. /R.
Han derramado su sangre como agua alrededor de Jerusalén, y no hay quien los entierre. Nos hemos convertido en el oprobio de nuestros vecinos, el escarnio y la burla de los que nos rodean. /R.
Señor, ¿hasta cuándo? ¿Te enfadarás para siempre? ¿Arderán tus celos como el fuego? No recuerdes contra nosotros las iniquidades del pasado; que venga pronto a nosotros tu compasión, porque estamos muy abatidos. /R.
Ayúdanos, oh Dios, salvador nuestro, por la gloria de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre. /R.
Mateo 7,21-29.
En aquel tiempo, Jesús, dijo a sus discípulos. «No son los que me dicen: «Señor, Señor», los que entrarán en el Reino de los Cielos, si no los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: «Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre?, ¿no expulsamos a los demonios y obramos muchos milagros en tu Nombre?» Entonces yo les manifestaré: «Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal». Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande». Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, la multitud estaba asombrada de su enseñanza, porque él les enseñaba como quien tiene autoridad y no como sus escribas. Palabra del Señor.
