Evangelio de hoy 3 de febrero, 2025

Celebración de hoy

San Blas: Protector de los niños, enfermos y animales

San Blas: Protector de los niños, enfermos y animales

San Blas fue un sacerdote de dulce carácter y sentimientos puros: es protector de los niños, enfermos y animales, patrono contra enfermedades de garganta

Coronilla a la Misericordia

 Coronilla a la Divina Misericordia de Hoy Lunes y Consagración

Coronilla a la Divina Misericordia de Hoy Lunes y Consagración

Invocamos al Espíritu Santo para que nos guíe con sabiduría. Oramos por las Almas del Purgatorio y por todas tus intenciones

Lecturas del día

Maria, hoy observamos a un hombre poseído por una legión de demonios, viviendo entre tumbas y cadenas, símbolo del sufrimiento y esclavitud que el mal genera. Jesús, con su autoridad divina, lo libera, mostrando que su poder es capaz de restaurar incluso a los más quebrantados.

Presta atención a las lecturas de hoy.

Hebreos 11,32-40.

Hermanos y hermanas: ¿Qué más puedo decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel y de los Profetas. Ellos, gracias a la fe, conquistaron reinos, administraron justicia, alcanzaron el cumplimiento de las promesas, cerraron las fauces de los leones, extinguieron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada. Su debilidad se convirtió en vigor: fueron fuertes en la lucha y rechazaron los ataques de los extranjeros. Hubo mujeres que recobraron con vida a sus muertos. Unos se dejaron torturar, renunciando a ser liberados, para obtener una mejor resurrección. Otros sufrieron injurias y golpes, cadenas y cárceles. Fueron apedreados, despedazados, muertos por la espada. Anduvieron errantes, cubiertos con pieles de ovejas y de cabras, desprovistos de todo, oprimidos y maltratados. Ya que el mundo no era digno de ellos, tuvieron que vagar por desiertos y montañas, refugiándose en cuevas y cavernas. Pero, aunque su fe los hizo merecedores de un testimonio tan valioso, ninguno de ellos entró en posesión de la promesa. Porque Dios nos tenía reservado algo mejor, y no quiso que ellos llegaran a la perfección sin nosotros.

Salmo 31(30):

Que vuestros corazones se consuelen, todos los que esperan en el Señor. (R).

Cuán grande es, Señor, la bondad que tienes reservada para los que te temen, y la que muestras a los hijos de los hombres para con los que se refugian en ti. /R.

Los escondes al abrigo de tu presencia de las maquinaciones de los hombres; Los proteges dentro de tu morada de la contienda de las lenguas. /R.

Bendito sea el Señor, cuya maravillosa misericordia me ha mostrado en una ciudad fortificada. /R.

Una vez dije en mi angustia: «Estoy apartado de tu vista»; sin embargo, oíste el sonido de mi súplica cuando clamé a ti. /R.

Amad al Señor todos sus fieles. El Señor guarda a los que son constantes, pero recompensa con creces a los que actúan con soberbia. /R.

Marcos 5,1-20.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro. Él habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo. Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él, gritando con fuerza: «¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!». Porque Jesús le había dicho: «¡Sal de este hombre, espíritu impuro!». Después le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?». Él respondió: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos». Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región. Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: «Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos». Él se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara, unos dos mil animales, se precipitó al mar y se ahogó. Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido. Cuando llegaron donde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor. Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos. Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio. En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él. Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti». El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados. Palabra del Señor.

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