Celebración de hoy
San Juan de Britto, Jesuita misionero: Patrono de Portugal

San Juan de Britto es el único jesuita portugués canonizado, fue un sacerdote misionero incansablemente en la India, en donde logró muchas conversiones
Coronilla a la Misericordia

Coronilla a la Divina Misericordia de Hoy Martes y Consagración
Lecturas del día
Maria, hoy se nos presenta el caso de Jairo, un líder de la sinagoga, que humildemente ruega por la vida de su hija, y el de una mujer con hemorragias, que pese a su situación de impureza ritual, se acerca con valentía a Jesús, convencida de que solo tocar su manto sería suficiente para sanarse. Ambos ejemplos nos enseñan que la fe genuina nos impulsa a buscar a Jesús en nuestras necesidades más profundas. ¿Creemos realmente en el poder transformador de Jesús?
Presta atención a las lecturas de hoy.
Hebreos 12,1-4.
Hermanos y hermanas: ya que estamos rodeados de una verdadera nube de testigos, despojémonos de todo lo que nos estorba, en especial del pecado, que siempre nos asedia, y corramos resueltamente al combate que se nos presenta. Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús, el cual, en lugar del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz sin tener en cuenta la infamia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Piensen en aquel que sufrió semejante hostilidad por parte de los pecadores, y así no se dejarán abatir por el desaliento. Después de todo, en la lucha contra el pecado, ustedes no han resistido todavía hasta derramar su sangre.
Salmo 22(21):
Te alabarán, Señor, los que te anhelan. (R).
Cumpliré mis votos ante los que le temen. Comerán hasta saciarse los humildes; le alabarán los que buscan al Señor: «¡Que sus corazones estén siempre alegres!» /R.
Todos los confines de la tierra se acordarán y se volverán al Señor; todas las familias de las naciones se postrarán ante él. /R.
Solo ante él se inclinarán todos los que duermen en la tierra; ante él se inclinarán todos los que descienden al polvo. /R.
A él vivirá mi alma; mis descendientes le servirán. Que se hable del Señor a la generación venidera, para que proclame a un pueblo aún por nacer la justicia que ha mostrado. /R.
Marcos 5,21-43.
En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva». Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho a manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada». Inmediatamente, cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?». Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?». Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad».
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?». Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas».
Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme». Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!». En seguida, la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña. Palabra del Señor.
