Evangelio de hoy martes, 2 de septiembre, 2025

Celebración de hoy

San Antonino de Apamea, Mártir de la fe: Patrono de Palencia



San Antonino de Apamea fue un joven religioso a quien los paganos le dieron muerte por haber destruido sus ídolos paganos: tenía solo 20 años de edad

Lecturas del día

1° Lectura: 1 Tesalonicenses 5,1-6.9-11.

No esperaréis, hermanos, que os escribamos nada sobre «tiempos y sazones», pues sabéis muy bien que el Día del Señor vendrá como ladrón en la noche. Es cuando la gente está diciendo: «Qué tranquilo y pacífico está todo», cuando de repente sucede lo peor, tan de repente como los dolores de parto a una mujer embarazada; y no habrá manera de que nadie lo eluda. Pero no es como si vivierais en la oscuridad, hermanos míos, para que ese Día os alcance como un ladrón. No, todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día: no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas, por lo que no debemos seguir durmiendo, como hace todo el mundo, sino permanecer bien despiertos y sobrios. Dios nunca quiso que experimentáramos la Retribución, sino que ganáramos la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros para que, vivos o muertos, sigamos viviendo unidos a Él. Así, pues, animaos unos a otros y seguid fortaleciéndoos mutuamente, como ya lo hacéis.

Salmo 27(26): Estoy seguro de que veré la bondad del Señor en la tierra de los vivos. (R)

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida; ¿ante quién temblaré? /R.

Hay una cosa que le pido al Señor, que anhelo, vivir en la casa del Señor, todos los días de mi vida, saborear la dulzura del Señor, contemplar su templo. /R.

Estoy seguro de que veré la bondad del Señor en la tierra de los vivos. Esperad en él, manteneos firmes y animados. ¡Esperad en el Señor! /R.

Evangelio: Lucas 4,31-37.

En aquellos días, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados. Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad. En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios». Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre». El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño. El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: «¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!». Y su fama se extendía por todas partes en aquella región. Palabra del Señor.

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