La celebración de hoy
María Romero Meneses: Protectora de los Pobres y Enfermos
Lecturas del día
1° lectura: Génesis 32,23-33.
En aquellos días, todavía de noche, se levantó Jacob, tomó a las dos mujeres, las dos siervas y los once hijos y cruzó el vado de Yaboc; pasó con ellos el torrente e hizo pasar sus posesiones. Y él quedó solo. Un hombre luchó con él hasta la aurora; y, viendo que no le podía, le tocó la articulación del muslo y se la dejó tiesa, mientras peleaba con él. Dijo: «Suéltame, que llega la aurora.» Respondió: «No te soltaré hasta que me bendigas.» Y le preguntó: «¿Cómo te llamas?» Contestó: «Jacob.» Le replicó: «Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con dioses y con hombres y has podido.» Jacob, a su vez, preguntó: «Dime tu nombre.» Respondió: «¿Por qué me preguntas mi nombre?» Y le bendijo. Jacob llamó a aquel lugar Penuel, diciendo: «He visto a Dios cara a cara y he quedado vivo.» Mientras atravesaba Penuel, salía el sol, y él iba cojeando. Por eso los israelitas, hasta hoy, no comen el tendón de la articulación del muslo, porque Jacob fue herido en dicho tendón del muslo.
Salmo 17(16): Señor, en mi justicia veré tu rostro. (R).
Señor, escucha una causa que es justa, presta atención a mi clamor. Vuelve tu oído a mi oración: no hay engaño en mis labios. /R.
De ti puede salir mi juicio. Tus ojos disciernen la verdad. Tú escudriñas mi corazón, me visitas de noche. Me pones a prueba y no encuentras en mí ningún mal. /R.
Estoy aquí y llamo, tú me escucharás, oh Dios. Vuelve tu oído hacia mí; escucha mis palabras. Muestra tu gran amor, tú cuya diestra salva a tus amigos de los que se rebelan contra ellos. /R.
Guárdame como la niña de tus ojos. Escóndeme a la sombra de tus alas. En mi justicia veré tu rostro y me llenaré, al despertar, de la visión de tu gloria. /R.
Evangelio: Mateo 9,32-38.
En aquellos días, en cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a Jesús a un mudo que estaba endemoniado. El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: «Jamás se vio nada igual en Israel». Pero los fariseos decían: «Él expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios». Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha». Palabra del Señor.
