La celebración de hoy
San Francisco Caracciolo, Sacerdote y fundador: Biografía y vida
Lecturas del día
Maria, hoy, se nos sitúa dentro del corazón de la oración sacerdotal de Jesús, pronunciada antes de su pasión, un momento íntimo y profundamente espiritual.
Presta atención a las lecturas de hoy.
Primera lectura: Hechos 20,28-38.
En aquellos días, Pablo dijo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso: «Velen por ustedes, y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha constituido guardianes para apacentar a la Iglesia de Dios, que él adquirió al precio de su propia sangre. Yo sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos rapaces que no perdonarán al rebaño. Y aun de entre ustedes mismos, surgirán hombres que tratarán de arrastrar a los discípulos con doctrinas perniciosas. Velen, entonces, y recuerden que durante tres años, de noche y de día, no he cesado de aconsejar con lágrimas a cada uno de ustedes. Ahora los encomiendo al Señor y a la Palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio y darles la parte de la herencia que les corresponde, con todos los que han sido santificados.
En cuanto a mí, no he deseado ni plata ni oro ni los bienes de nadie. Ustedes saben que con mis propias manos he atendido a mis necesidades y a las de mis compañeros. De todas las maneras posibles, les he mostrado que así, trabajando duramente, se debe ayudar a los débiles, y que es preciso recordar las palabras del Señor Jesús: «La felicidad está más en dar que en recibir».
Después de decirles esto, se arrodilló y oró junto a ellos. Todos se pusieron a llorar, abrazaron a Pablo y lo besaron afectuosamente, apenados, sobre todo porque les había dicho que ya no volverían a verlo. Después lo acompañaron hasta el barco. Palabra de Dios.
Salmo 68(67): Canten a Dios, reinos de la tierra. (R)
Muestra, oh Dios, tu poder, el poder, oh Dios, con el que tomaste nuestra parte; para tu templo de Jerusalén te traigan los reyes presentes. /R.
Reinos de la tierra, canten a Dios, canten alabanzas al Señor que cabalga en las alturas de los cielos antiguos. He aquí que resuena su voz, voz de poder: «¡Confesad el poder de Dios!». /R.
Sobre Israel está su majestad; su poder está en los cielos. Admirable en su santuario es Dios, el Dios de Israel; da poder y fuerza a su pueblo. /R.
Evangelio: Juan 17,11b-19.
En aquellos días, Jesús exclamó: «Padre santo, cuídalos en tu Nombre, el Nombre que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Mientras estaba con ellos, yo los cuidaba en tu Nombre, el Nombre que tú me diste, yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto. Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió, porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo. Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad». Palabra del Señor.
