Una densa y peligrosa capa de humo ha vuelto a cubrir el noreste de Norteamérica debido a la alarmante propagación de los incendios forestales en Canadá.
Actualmente, se registran 858 focos activos en territorio canadiense, la gran mayoría fuera de control, de los cuales 30 se iniciaron en las últimas veinticuatro horas. El desastre ambiental cruzó rápidamente las fronteras, gatillando severas alertas de salud pública en múltiples estados del norte y este de los Estados Unidos.
Nube tóxica sobre Estados Unidos
El impacto de las columnas de humo es crítico en el Medio Oeste superior, la región de los Grandes Lagos y el noreste estadounidense. De acuerdo con el Índice de Calidad del Aire de EE.UU. (AQI), la atmósfera en grandes sectores de Michigan y Minnesota alcanzó niveles calificados como «peligrosos», obligando a las autoridades sanitarias a recomendar a los ciudadanos permanecer en interiores.
Ciudades como Detroit registraron la peor calidad del aire del mundo, seguidas de cerca por metrópolis como Minneapolis, Chicago y la propia Toronto en territorio canadiense. En el estado de Nueva York, las condiciones se categorizaron como «muy insalubres».
Frente a este panorama, la alcaldía de la ciudad de Nueva York activó sus planes de emergencia por calor y protocolos de aire limpio, habilitando centenares de centros de refrigeración y distribuyendo mascarillas KN95 de forma masiva.
Éxodo, rescates límite y tensión política
El drama humanitario se vive con especial crudeza en el norte de Ontario. Decenas de familias pertenecientes a las comunidades originarias (First Nations) debieron ser evacuadas de urgencia, y varios videos virales registraron el momento en que huían en botes de sus remotos poblados asediados por las llamas.
La líder de la Nación Anishinabek, Linda Debassige, confirmó graves daños estructurales en viviendas y edificios comunitarios.
El fuego fuera de control en Ontario forzó el éxodo en botes de poblaciones originarias. Foto: Reuters.
En paralelo, un dramático video mostró cómo un tren de carga de la compañía Canadian National Rail quedó rodeado por las llamas en las cercanías de Armstrong, obligando a un rescate de emergencia de sus operarios antes de suspender temporalmente las actividades ferroviarias de la región.
Esta reiterada crisis ambiental ha desatado fuertes fricciones políticas. Legisladores republicanos del estado de Michigan enviaron una dura carta abierta al primer ministro canadiense, Mark Carney, exigiendo una mejor gestión de los recursos forestales.
«Ha pasado un año, la temporada está de regreso y nada ha cambiado salvo que nuestra paciencia se agotó», sentenciaron los representantes ante la tercera temporada consecutiva de asfixiante contaminación transfronteriza.
El factor del cambio climático
Los expertos coinciden en que los incendios forestales son parte del ciclo natural de los bosques boreales de Canadá, pero advierten sobre un cambio drástico. Laura Chasmer, profesora de geografía y medio ambiente en la Universidad de Western Ontario, señaló que la frecuencia y severidad de estos eventos se han incrementado desde 2015.
Este incremento «está directamente asociado con el calentamiento climático extremo y la desecación de los suelos y la atmósfera», explicó Chasmer. Históricamente concentrados en el oeste, los focos ígneos ahora se desplazan masivamente hacia Ontario y Quebec, acercándose a los principales centros poblacionales y garantizando veranos cubiertos por la neblina naranja en la costa este americana.
